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"Los piratas del golfo 1-2 · EM025"

Autor: VICENTE RIVA PALACIO Y GUERRERO

Editorial: Editorial Porrúa México

Edición: 3, 2000

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Resumen:

Después de sus dos primeras novelas Virgen y mártir, monja y casada y Martín Garatuza, ambas publicadas en 1868 y en las que Vicente Riva Palacio había desarrollado asuntos nacionales inspirados en informaciones que encontró en diversos procesos de la Inquisición de la Nueva España, se vuelve inmediatamente hacia un tema, la vida de los piratas, que la novela romántica ya había tratado de modo excelente, primero, en El Pirata (1822) de Walter Scot y, después, en El piloto (1823) del norteamericano James Fenimoore Cooper. Es fácil suponer que, hombre tan culto como Riva Palacio, conocería ambos libros o, por lo menos, el de Scott; y que, al revisar nuestra historia de la época colonial, en la que por entonces trabajaba, tropezaría con la vida y las aventuras de los piratas filibusteros ingleses, franceses y holandeses que, establecidos en las Antillas mismas, se dedicaban a saquear los puertos de las colonias hispanoamericanas y a asaltar las flotas españolas que llevaban a Europa el oro y la plata de América. Que la vida de esos temibles aventureros ofrecía materia para una interesante novela, es reflexión que no podía escapar a la perspicacia literaria de nuestro autor. Riva Palacio tuvo, además, la suerte de topar con una curiosa relación de un médico holandés que, de 1666 a 1672, convivió con los bucaneros de Santo Domingo y de la isla de la Tortuga. De regreso a su patria Esquemelin, que este era su nombre, publicó un libro, en el cual describe los trabajos y costumbres de esos aventureros, sus trajes y diversiones, la forma en que matan a toros y jabalíes, cómo asan o ahúman su carne y preparan sus cueros, así como la participación que tenían, cuando se trataba de algún golpe importante, en las expediciones organizadas por el pirata inglés Sir Henry Morgan y sus colegas franceses. El libro está lleno de informaciones preciosas y puede interesar, lo mismo al lector casual que busca entretenimiento, que al más serio investigador. Este ejemplo, podrá encontrar ahí una de las primeras formas de reglamentación de las prestaciones por "accidentes del trabajo". El jefe pirata aseguraba a sus hombres, entre otras cosas, 100 escudos o un esclavo por la pérdida de un ojo; 600 escudos o seis esclavos por la pérdida de los dos, y, después de fijar la compensación por la pérdida de las manos, brazos y piernas, se especifica: " 200 escudos o 2 esclavos por una llaga en el cuerpo que obligue a llevar una cánula. Aunque no lo haya declarado Riva Palacio en ninguna parte, no hay duda de que en el libro de Esquemelin encontró datos, personajes y sucesos que aprovechó en Los piratas del Golfo. No sólo se sirvió de la narración holandesa para la pintura de la vida de los bucaneros o matadores de toros en Santo Domingo, la organización de la expedición de los filibusteros a Puerto bello y a Panamá, las escenas de ataque y saqueo, las diferencias y disputas entre los piratas ingleses y los franceses, sino que tomó de dicha narración personajes --entre ellos el misterioso Brazo-de-Acero- y hasta incidentes, como el de la hermosa prisionera de Morgan, por quien éste parece volverse más humano ya quien, al fin, ella logra desarmar y resistir; y la forma en que Pedro de Borica escapa a nado del navío de los piratas para prevenir a los de tierra del próximo ataque. Toda la primera parte de la novela de Riva Palacio, que empieza en Santo Domingo y contiene la relación de los enredos y aventuras en las Antillas y Panamá, está narrada con soltura y habilidad, y entretiene y halaga la atención del lector; la que se echa en ella de menos es la fuerza de realidad y de color en el ambiente marino, el que no se sienta en aquellas páginas, como en las de Scott y de Fenimoore Cooper, la presencia del mar como un fondo imponente, vivo y dramático del cuadro. En la segunda parte, nuestro autor lleva a sus personajes a la capital de la Nueva España y radica allí la acción. Reincorporado a un medio que conocía tan bien, mueve con mayor dominio y gusto a sus figuras, y teje y desteje con mayor soltura sus enredos en ese mundo novohispano del siglo XVII, de funcionarios, grano des familias, dignatarios eclesiásticos, conventos, salones, nobles, escuderos y truhanes, que él mismo había contribuido a ir poniendo en claro con sus novelas anteriores.

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