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"Historias de Calderón de la Barca - JP0042"

Autor: Vallve, Manuel

Editorial: Editorial Porrúa México

Edición: 2, 2000

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Resumen:

Como introducción a El Alcalde de Zalamea, debo deciros que en los tiempos en que se desarrolla la acción había ya desaparecido de España el poder feudal gracias a los Reyes Católicos, don Fernando y doña Isabel, que lo habían debilitado considerablemente, más aún subsistió durante muchos siglos la división de la sociedad entre nobles y plebeyos. Los primeros conceptuándose, equivocadamente, superiores a los vasallos, los menospreciaban y aun cuando aceptaban en ocasiones sus beneficios, no olvidaban nunca la distancia que, a su juicio, los separaba, No era, como en la época actual, en que, felizmente, los hombres valen por lo que son, sino que, por el contrario, entonces, los que no eran nobles, se veían condenados a ser siempre vasallos, gente de poco menos que nada, y sin medios de progresar, salir de su esfera y obtener las consideraciones a que su talento pudiera hacerlos acreedores. Dos eran, sin embargo, los caminos que los plebeyos tenían para salir de su esfera: uno, el oficio de las armas, en el que, con suerte y valor, podían llegar a ganar buen renombre y aun los títulos de nobleza que les faltaran; y el otro la carrera eclesiástica. En efecto, entonces casi todo el saber humano estaba refugiado en los conventos, y si algún hombre sentía ansias de estudiar, cuando la ignorancia era casi general, apenas tenía otro medio que ingresar en alguna orden religiosa, en la cual podía dedicarse libremente al cultivo de las ciencias, sin verse obligado a ejercer algún oficio de artesano, o a labrar la tierra, ocupación, entonces, la más importante. Existía también el arte, mas daba poco para vivir y de ello tenemos pruebas leyendo la historia de los grandes artistas que aún hoy día son la admiración de la humanidad, pues algunos de ellos, como por ejemplo, Velázquez, Pintaron cuadros inmortales, por sumas que hoy nos parecen irrisorias y que no bastarían tal vez para subvenir a las necesidades de algunos de nuestros obreros por poco tiempo. Casi todos los caminos estaban, pues, cerrados para el que no había nacido en noble cuna, y de padres a hijos los vasallos se transmitían sus oficios o profesiones, sin progresar apenas, distanciados siempre de los nobles que se apropiaban de todas las riquezas y los ping?es cargos del Estado. El pueblo, acostumbrado desde hacía muchos siglos al vasallaje, empezaba, sin embargo, a tener conciencia de su fuerza ya juzgarse menos indigno de lo que los nobles creían. Además el sentimiento del honor y del propio valer lo habían dignificado y gracias a eso ya las ideas religiosas firmemente infiltradas en los corazones de todos, se había acabado de formar su carácter noble, digno y generoso. La pintura de él sugirió a don Pedro Calderón de la Barca su hermoso drama El Alcalde de Zalamea, que es una síntesis de los sentimientos característicos del pueblo español de la época a que se reitere y aun de la presente; altivo, indómito y justiciero; que cuando le asiste la razón no le asustan los poderosos, pues está escudado por su derecho y atrevidamente rompe con todo para hacer justicia, comprendiendo en el castigo a los de su propia sangre, si de tal son merecedores. En La vida es sueño aprenderéis cuán despreciables son la vanidad del mundo y sus pompas y la necesidad de sujetar los actos de esta vida a la consideración de lo fugaz y transitorio de la humana existencia. Calderón se propuso probar con esta obra que las dichas humanas no son más que un sueño, y que no debemos considerarnos felices al vernos encumbrados, pues cuanto más alto está el hombre más expuesto se halla a caer en desgracia y por tanto, que, no estando seguros de los bienes que poseemos, debemos usar de ellos con moderación y templanza. El argumento de ambas obras es interesantísimo y no podréis menos que seguir con entusiasmo, en una las tristes mudanzas del Príncipe Segismundo, y en la otra el tesón del Alcalde de Zalamea, que se atreve, para vengar su honra, con altos personajes y aun con el mismo Rey de España, Felipe II. Creo que os gustará leer estas obras por tantos conceptos inmortales, que han sido traducidas a casi todos los idiomas y que despertarán en vosotros el deseo de conocer más a fondo las producciones de uno de los príncipes de la literatura española.

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