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"Historia de chucho el ninfo y la noche buena · EM045"

Autor: JOSE TOMAS DE CUELLAR

Editorial: Editorial Porrúa México

Edición: 3, 2004

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Resumen:

Bajo el título general de La linterna mágica y ocultándose apenas bajo el transparente seudónimo de "Facundo", publicó José T. de Cuéllar sus novelas de costumbres mexicanas. Sobre las características y los propósitos de esa serie algo hemos dicho en el prólogo del volumen de esta "Colección" donde reunimos Ensalada de pollos y Baile y cochino. . . A él remitimos al lector interesado. Inmediatamente después de estas dos novelas, Cuéllar dió a las prensas su Historia de Chucho el Ninfo, que alcanzó bien pronto una gran popularidad, que ha conservado hasta nuestros días. Esta novela pinta la vida del niño a quien su madre mima y regala más de lo que conviene a una sabia y bien orientada educación, del niño cuyos caprichos, por absurdos o costosos que sean, siempre son satisfechos. Su madre lo adora con un amor ciego; lo adora por hermoso, por su cutis blanco, por su pelo rubio, porque es hijo de un joven acomodado con quien ella vivió una inolvidable aventura de amor una noche de "tamalada" y de luna. Su madre era -nos dice Cuéllar- "casi tan consentidora y tolerante como la patria". Y el niño va creciendo en ese ambiente, sin pensar en lo porvenir, sin buscar un modo de ganarse la vida, probable parásito social en espera de quién sabe qué milagro. Pero el milagro se realiza, y Chucho el Ninfo encuentra a su padre, un rico hacendado que se encariña con su vástago, que lo recoge y lo lleva a su finca de campo, que lo hace pasar por su sobrino y pone a su disposición los medios necesarios -su dinero y sus relaciones sociales- para que Chucho el Ninfo viva la vida para la que, inconscientemente, lo había preparado su madre: el elegante a la moda, dado por entero a la buena sociedad, cuidando de su persona y de su indumentaria varias horas diarias, y galanteador empedernido de pollas y de casadas. La pintura de este personaje es tan exacta y completa que, según observaba Guillermo Prieto, el nombre de Chucho el Ninfo ha llegado a servir a nuestra gente para designar "al niño mimado y consentido, entregado a los vicios". Pero en la narración de Cuéllar no es menos importante la pintura del ambiente que va a explicar y a servir de fondo a las figuras principales. La primera vez que Chucho se presenta en todo su esplendor es cuando, cubierto sólo con una piel de borrego y enarbolando una cruz dorada, personifica a San Juan Bautista niño en aquella famosa procesión de Nuestra Señora de la Merced, "acontecimiento que solía entonces conmover más a los fieles que todas las glorias de la patria". Son excelentes los capítulos que describen la celebración de la Virgen de la Merced: cómo se preparaban las fiestas en las diversas clases sociales, la forma en que los frailes recaudaban los fondos necesarios, el interés de la Iglesia y de los fieles por mantener una gloriosa tradición de fuegos artificiales, desfiles de ángeles, indios y cautivos, concurrencia de comunidades religiosas, civiles y militares, regocijos y vendimias populares, además de los banquetes y bailes privados con que las familias del barrio agasajaban a las personas invitadas a ver la procesión desde sus balcones, y que, en la casa de don Pedro María, revisten especial brillo porque esas festividades religiosas coinciden con "el santo" de su hija Merceditas.

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